Biofilia.

«Tendencia o amor hacia lo vivo»

Lat. «bio», vivo y «philia», amistad o afecto.

Siempre nos será más agradable y nuestro cuerpo responderá más favorablemente a geometrías, proporciones y estados en general presentes en la naturaleza.

Genéticamente estamos codificados para sentir atracción por la vida, porque esto ha sido la clave de nuestra adaptación. La naturaleza es indispensable para nosotros desde un punto de vista evolucionista, cognitivo, intelectual, estético, e incluso espiritual.

Cotter. A, Biofilia, amor por todo lo vivo, 2018.

El concepto fué utilizado por primera vez en 1973 por el psicólogo y filósofo Erich Fromm para referirse a «la atracción por la vida».

Y luego en 1984 por Edward O.Wilson en su libro Biophilia, en donde el biólogo establece que la capacidad de maravillarnos por la vida que nos rodea es una tendencia innata, presente genéticamente en los seres humanos debido a que toda nuestra evolución ocurrió en medio y gracias a la naturaleza.


Neuronas espejo

No es necesario que exista la presencia de la biofilia propiamente tal para poder obtener los beneficios. Este alcance cognitivo puede provocarse en forma intencional haciendo presente distintos ritmos, tramas, texturas y patrones en los espacios de trabajo.

Las superficies visibles tienen una función que va más allá de lo estético, ahora pueden provocar estímulos cerebrales que gatillan estados de confort, confianza, concentración o incluso serenidad.

Esto se produce gracias a la neurona espejo. El término «shinrin yoku» significa literalmente «absorber la atmósfera del bosque» y fue acuñado inicialmente por técnicos de la Agencia Forestal de Japón. Pero el concepto está inspirado en prácticas budistas ancestrales y en el sintoísmo, una religión natica de Japón que venera los espíritus de la naturaleza.

+600 personas

La terapia forestal ha tenido gran impacto en el sistema inmunológico. Miyasaki ha realizado estudios con más de 600 personas en los bosques desde el 2004.

12,4% menos de estrés

Sus investigaciones demostraron que, en comparación con caminatas urbanas, los baños forestales lograron bajar en un 12,4% los niveles de la hormona del estrés cortisol y en un 1,4% en promedio la presión arterial. La incidencia de infartos también se redujo en un 5,8%.

Aumento de empatía

El contacto con la naturaleza disminuye además la actividad del córtex prefrontal, responsable de funciones cognitivas como planificar, y aumenta la actividad en otras áreas del cerebro vinculadas con la empatía y las emociones.